25.4.04
LUARA Y BRUNO
Queridos vecin@s:
No sé como explicárselo pero creo que estoy pasando por una etapa de mi vida en la que me siento... no sé como decirlo ¿muy viva?. Como ya saben estoy empezando a conocer ese concepto extraño para mí llamado amistad y sí vecin@s ¡¡el amor!!.
Desde que me mudé a vivir a esta escalera mi vida ha dado un giro de 65,4 grados. He encontrado la amistad con la italiana más buena del mundo. Ya sé que me hago pesada con el tema, pero, muchas veces pienso que no debería trabajar en un bar-musical si no que debería dedicarse a la caridad como monja misionera en Etiopía o alguna cosa parecida que fuera más con sus aptitudes. Fíjense vecin@s, como ejemplo, últimamente no deja de recoger a chicas desvalidas y les da cobijo en su casa para que no pasen la noche al frío de ciudad. –Lola oggi también tendrás que dormire en el sofá-. Que buena es, me ahorra la incomodidad de dormir con una desconocida que no sabemos si se ha lavado en dos días, si tiene antecedentes penales, si es drogadicta o lo peor de todo, si es una de esas desviadas sexuales que pueda forzar a mi querida Luarita. Duermo fatal pensando que en cualquier momento le puede pasar cualquier cosa a Luara y también, no les voy a mentir, por lo mal que se descansa en el maldito sofá monoplaza. Hay que ver lo horribles son los pisos de solteronas. Igualmente hoy Luara me ha prometido que este fin de semana iremos al IKEA y compraremos un sofà de color rojo de esos que llevan una cama abajo.
Yo para compensar las incomodidades que le pueden provocar mi estancia en su casa, le hago en profundidad la casa todos los días y antes de irse a trabajar al Homolulú le pongo en su bolso un bocadillo de pan de bollo con tortilla que es su manjar preferido. Que chica más sencilla, la verdad, no sé cómo con tan poca cosa se siente feliz, yo que le pondría un tupper ware con unos canalones, o un cocido, o unas albóndigas o en fin, algo más elaborado, pero ella insiste y insiste con el bollo y la tortilla.
Ahora estoy buscando un trabajo extra, a parte de lo de la escalera, para poderle pagar una parte del alquiler. Hace unos días, de nuevo, me hice la encontradiza con la señora Bifou en el rellano para preguntarle si se acordaba de mi baile y si se había planteado la idea de contratarme como segunda bailarina en el Homolulú. Pero antes de que pudiera articular palabra me cerró la puerta de un golpe. Es muy rara la señora Bifou.
Por el otro lado, ayer me crucé con Bruno en la escalera y hice una maniobra de acercamiento. Puse el cubo en extremo del estrecho pasillo y yo me puse justo al lado del cubo casi obstruyendo el paso. Cuando Bruno pasó al lado mío recliné mis pechos contra su fornido pectoral y ¡oh! que sensación más agradable mis pezones rozándose contra su torso. Oigan ¡que se me mojaron las bragas y todo!. Ayer noche me masturbé cuatro o cinco veces pensando en él y su torso fibrado, después caí rendida en el sofá monoplaza.
Tengo que hablarle de mi carta anónima, ya.
20.4.04
la frustración y las dudas...
Hoy he visto un anuncio de consoladores de ultima generación y, durante unos segundos, por mi imaginación ha pasado la idea de comprar uno. Nunca me había ni planteado la posibilidad de necesitar uno, imagino que la noche con Bruno me dejó marcada... si algo es insoportable es quedarse con las ganas, con el deseo contenido, al umbral de la pasión. Recuerdo después de aquella maravillosa cena... velas, vino, el plato especial de Bruno, poulet avec des noisettes... como me gustan los hombres que cocinan... ai mi corazón latía entre plato y plato, mi cuerpo se agitaba entre copa y copa... cuando por fin llegó el postre me moría porque me tomase entre sus fuertes brazos y me hiciese suya de una vez, y así acallar mi sagre que hervía tan fuerte que casi me parecía oir su grito ahogado. Cuando me levanté para ayudarle a traer las cucharitas de postre se cernió sobre mí, suspiré de placer al sentir su cuerpo sobre el mío y sus manos acariciando mi nuca, mi pelo y mi espalda tan suavemente como el aleteo de una mariposa, mientras que su boca mordía mi cuello con la rudeza de un marinero. Tras el arrebato sobre el mármol de la cocina corrimos hacia su dormitorio, me tumbó sobre la cama, que olía a él, estaba caliente, no hay otra palabra para definirlo, y no me importa semejarmea una vulgar cabaretera, porque en ese momento habría sido cualquier cosa vulgar que él me hubiese pedido, pero de repente... soltó un halarido que me estremeció y empezó a tocarse la entrepierna con rostro angustiado, me sobresalté, pensé que se había lastimado con la cremallera del pantalón, pero me contó que le habían acabado de poner unos puntos y que al excitarse demasiado... le había producido un dolor insoportable... así que la mayor de las pesadillas tuvo lugar cuando tuve que vestirme y marcharme a casa, triste, sola e insatisfecha, y, sobretodo, llena de ira. Hay pocas sensaciones más frustrantes en la vida, y lo digo yo, que soy una mujer de mundo. Desde entonces evito sus llamadas y cruzarme con él en la escalera, no es que le guarde rencor por lo sucedido... es que ni tan solo sé qué debería decirle, tal vez le deba dar otra oportunidad? Al fin y al cabo... cuando recuerdo aquellos momentos sobre la encimera... contra la licuadora...
5.4.04
Volviendo a la vida
Mi psicóloga me ha recomendado hablar con amistades antiguas, gente que me vuelva a la vida real, porque se ve que no estoy muy en ella... y esto es así desde el día que descubrí a Karen engañandome con mi abogada en nuestra cama mismamente. Susi, la perra que se estaba tirando a mi novia se largó avergonzada mientras que Karen soltó una gran carcajada y me contó cómo iba a hundir mi Homolulú. La cogí de los pelos, los primeros que encontré y la arrastré fuera de casa, la muy zorra seguía riéndose de mi. Cerré la puerta y Violetah me encontró allí mismo no sé cuantas horas después. Enloquecí tramando una venganza, pero nunca he sido buena para la imaginación.
Haciendo caso de mi psicóloga he pensado que tengo que llamar a Luara ya que le debo una disculpa. Creo que ahora sale con la Lola, esa mujer tan rara que limpia la escalera, que hasta se ha ido a vivir con ella. No sé si querrá saber nada de mi. Luara me debe odiar, pobre Luara que mal la traté.










